Creemos que la Biblia recomienda la Oración para la salud de los enfermos, tanto individual como colectivamente; también se debe llamar a los ancianos de la Iglesia para que oren y unjan con aceite a los enfermos y que Dios escuchará la oración llena de fe. (Stg. 5:13-16, 1.6; 1 Jn. 5.14-15; Sal. 103:1-3).
Dios nos ordena orar de acuerdo a nuestras necesidades, pero esto no significa que tenemos prometida la respuesta que nosotros queremos a todas nuestras peticiones. Muchas de las oraciones que se registran son para el perdón de los pecados.
Existirá entonces una estrecha relación entre el perdón de los pecados y la salud de nuestro cuerpo. Nosotros mismos damos una diferencia a las oraciones, cuando oramos por nuestros actos personales lo hacemos solos, en lo apartado; y cuando oramos para nuestra salud o para la sanidad de otros, siempre deseamos que nos acompañen a orar.
Tenemos en la Biblia una forma especial para la oración y el ayuno. Los patriarcas y discípulos de Jesús oraban y ayunaban siguiendo ciertas normas y leyes (Daniel 9:3; Hechos 14:23).
Dios escucha esas oraciones llenas de fervor y en pro de los enfermos, los apóstoles como Marcos y Santiago enseñan que cuando alguien está enfermo, debe llamar a los ancianos de la Iglesia para que oren por él y le unjan con aceite y la oración de fe salvará al enfermo y si tuviere pecados le serán perdonados (Marcos 6:13; Santiago 5:14), sólo que debemos estar conscientes de que eso no es todo para que el Señor nos responda favorablemente, lo más importante es la fe con la que se haga la oración, y sobre todo que debemos estar conformes con la voluntad de Dios ya que eso es lo que enseñó el Maestro (Mateo 6:10).
Más que buscar primero la salud física como evidencia del creador, debemos buscar la santificación y la salud de nuestro hombre interior que es salvación. “Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2a Crónicas 7:14).





